Al Día 23/04/2020

Alberto y Cristina, “enamorados” de la cuarentena



Cada uno le saca provecho a su modo, con la oposición adormecida y sin poder legislativo. Todavía no hay plan para el día después.


| Por Germán Negro |

En medio del camino espinoso que habían empezado a transitar desde el 10 de diciembre, tanto por las diferencias internas como por la carencia de un plan articulado para lograr que la economía lograra frenar el cuesta abajo, la fórmula presidencial se topó de frente con el coronavirus. Aunque se presente como lo contrario, la situación sanitaria –por ahora- favoreció a Alberto y a Cristina Fernández. Cada uno la aprovecha, a su modo.

Desde las entrañas del Gobierno lo reconocen: “Alberto quisiera que la cuarentena no se termine nunca”. La afirmación se sostiene en el fuerte crecimiento que experimentó su imagen con las primeras medidas que tomó, el adormecimiento de la oposición –de derecha, centro e izquierda-, la posibilidad de gobernar a decretazo limpio, de jugar al filo del abismo con los acreedores y la ausencia de un plan para el día después. La pandemia se presenta como un ancho y largo barbijo que puede tapar todo, o casi todo.

Si el pico de casos fuera mañana o si la ansiada vacuna apareciera de un día para el otro, el Gobierno de encontraría dando vueltas en un laberinto con la salida bloqueada.
A Cristina, pese a que no levanta su grado popularidad y se mantiene aferrada a su núcleo duro, la cuarentena también le es funcional, y mucho. Su infantería de abogados logró sacar de la cárcel a varios de sus ex funcionarios que se callaron la boca cuando fueron invitados a hablar (por caso Julio De Vido, Amado Boudou o el pro iraní Luis D’Elía) y, entre lo más insólito, logró poner a uno de sus hombres, Juan Martín Mena, a cargo de la protección de los testigos que la denunciaron. La “argentinidad al palo”.

Por si fuera poco, y mientras la gente sigue esperando la posibilidad de volver a trabajar o se preocupa por un posible contagio, la vicepresidenta recuperó la teoría del conflicto permanente (se la recomendó hace más de una década su pensador favorito: el fallecido Ernesto Laclaau) y eligió a la Corte como su enemigo de la semana. Lo más temeroso de esta puja es la carta que la representante jurídica de la Vicepresidencia, Graciana Peñafort, envió a los altos jueces: “la Corte debe decidir si la historia se escribe con sangre o con razones. Porque la vamos a escribir igual”. Ni Mario Firmenich se hubiera animado a tanto.







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