Al Día 25/07/2020

El cambio de estilo que necesitaba la Municipalidad



La actual administración de la ciudad de Córdoba no se dejó apretar por los sindicatos históricos y, pese a la crisis, muestra pragmatismo y ejecutividad, algo que no se veía desde hace más de dos décadas.


| Por Germán Negro |

La semana deja un hecho inusual, histórico, para la ciudad de Córdoba. Un servicio alternativo de transporte logró funcionar –en emergencia- sin mayores contratiempos en medio de un dilatado paro de UTA. Otros intentos no terminaron bien por la falta de decisión, de acompañamiento en materia de seguridad o por la violencia que ejercieron los choferes en la calle.

Es indudable que la aparición de los vehículos de Tamse, conducidos por las conductoras de trolebuses, hizo replantear sobre la marcha el viejo acuerdo entre bambalinas que la UTA tiene con los empresarios  nucleados en Fetap y ambos sectores se vieron obligados a sentarse a la mesa de diálogo con la Municipalidad. Ambos cedieron, como en toda negociación, pero la gente volvió a poder tomar un colectivo para llegar a su trabajo.

El intendente Martín Llaryora, apuntalado desde el Centro Cívico, llegó con la convicción que no mostró su antecesor, Ramón Mestre (h), quien en dos períodos no logró torcer la historia ante los gremios con mayor peso en la Municipalidad. Todo lo contrario, sus concesiones fueron constantes y, a veces, inexplicables.

No es menor el impacto de una pandemia/cuarentena de final aún abierto que obligó a cambiar la forma de pensar de dirigentes acostumbrados a actuar y ganar bajo presión.

Llaryora pare haber controlado a UTA, al Suoem y al atomizado Surbbac, lo que le permitiría, en la pospandemia, planificar una ciudad que pueda salir de la mediocridad y recupere el brillo de tiempos pasados. Atiborrada de empleados y con servicios caros y deficientes, la Municipalidad de la segunda ciudad del país venía siendo presa de los monstruos que creó a lo largo del tiempo.

Es cierto que un radio de 500 km2, con baja densidad poblacional, complica a cualquier gestión, pero tampoco encontraba Córdoba quién le pusiera el cascabel al gato desde los primeros años de democracia, cuando tuvo los últimos intendentes con la fortaleza necesaria para plantarse a los caprichos sindicales y empresariales: Ramón Mestre, padre, y Rubén Martí.

Con calles destrozadas, vastos sectores sin luz, espacios verdes olvidados y un mal servicio de transporte, entre otros males, la gente ya no parece aguantar bravuconadas sectoriales, sino que pretende que se adopten las medidas necesarias para mejorar su calidad de vida. Por eso se celebra cuando aparecen las cuadrillas de chalecos azules, tan sólo por ocuparse de limpiar  basurales y calles o cortar el pasto donde nadie lo hacía.

Con siete meses de gestión, y con una brutal e impensada caída de la recaudación tributaria, la actual administración municipal parece haber tomado la senda del pragmatismo y la ejecutividad. Incluso, se metió a cambiar la historia de lugares emblemáticos que habían sido olvidados por décadas: el antiguo Mercado de Abasto (se expropiará) o el Parque Las Heras.







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