Al Día 09/01/2019

Los olvidados y sus tragedias evitables



Por Germán Negro


Con cinco o seis kilómetros de asfalto y algunas columnas de luz tenue, quizás dos hijas hoy tuvieran a su madre. Una de ellas hubiese podido recibir en la noche del domingo un beso de regalo por su cumpleaños. Apenas seis velitas esperaron en una torta.

No pudo ser. Como tantas tragedias urbanas, la de Daiana Moyano pudo evitarse. Las culpas, en un macabro y repetido juego, van de un lado para el otro. “dependía de la Policía” o “era una obra pendiente de la Municipalidad”, es lo que se escucha según a quien le tiran el saco.

Lo cierto es que los olvidados, la gente que vive en la periferia (y no tanto) de la ciudad de Córdoba tiene la desgracia esperando a un paso. Sin asfalto, sin luz, sin cloacas y sin la seguridad acorde a cada lugar, la gente está librada a su suerte. Una regresión prehistórica que duele y sin la certeza de que vaya a revertirse en el corto plazo. Solo parches electorales irán caminando detrás de los hechos.

Los vecinos de la zona de Chacra de la Merced y la Municipalidad firmaron ahora un convenio que obliga a los funcionarios a ejecutar un cordón cuneta y, tal vez, pavimentar la calle por donde pasa el ómnibus. Parece un chiste a un destino trágico. ¿Hacía falta una muerte para hacerlo?

Hace varios años, la muerte de Juan Aciar (el hijo de Sandra Meyer) movilizó las conciencias sobre los peligros que acechan a cada paso. La muerte de Daiana obliga de nuevo a los olvidados a movilizarse para tratar de despertar a una clase dirigente que tiene la mira en otras cuestiones.

Pavimentar, por lo menos, las calles por donde pasan las unidades de transporte e iluminar las zonas en penumbras debiera ser la primera materia a rendir por quienes asumen la responsabilidad de conducir el destino de una ciudad. Pero, es un examen que se suele pasar por alto.







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