La pandemia agravó la enfermedad en las personas con dermatitis atópica
En el Día Mundial para concientizar sobre la afección, ongs difundieron el resultado de una encuesta realizada en Argentina entre 535 participantes.
La pandemia agravó la enfermedad en las personas con dermatitis atópica
| Por redacción Pura Verdad |

La dermatitis atópica (DA) es una afección común que padecen en forma predominante los niños pero puede persistir, reaparecer o debutar en la adultez. En todos los casos, la picazón puede provocar la privación del sueño y tener un impacto considerable en la calidad de vida. Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica o crónicamente recurrente, que puede tener una amplia gama de presentaciones, y se caracteriza principalmente por piel seca, prurito intenso y lesiones cutáneas inflamatorias localizados (eccemas), que son significativamente debilitantes.

La Asociación de Dermatitis Atópica Argentina (ADAR) y la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), dos organizaciones que trabajan para acompañar y asesorar a personas con esta enfermedad y a sus familias, se unieron para llevar adelante una encuesta sobre la situación que atravesaron (y atraviesan) los pacientes a partir de la pandemia de COVID-19, desde marzo de 2020; indagaron sobre calidad de vida, acceso a la salud, la situación laboral, hábitos de alimentación, actividad física y los niveles de estrés. Presentaron los resultados en el marco del Día Mundial de la Dermatitis Atópica, que se conmemora cada 14 de septiembre.

La encuesta, denominada “Evolución de los pacientes con dermatitis atópica durante la pandemia COVID-19″, fue implementada en forma online entre el 12 de junio y el 8 de julio de este año; participaron 535 pacientes de todo el país, con reclutamiento vía redes sociales, grupos de Whatsapp y el mailing de ambas organizaciones.

“Partimos de la premisa de que este contexto tan adverso impactó -aunque de diferente manera- en todos los seres humanos, pero que los obstáculos podían haber sido todavía más desafiantes para la comunidad de personas que conviven con una enfermedad crónica como ésta y en el contexto de nuestro país. Nos propusimos entender esa realidad para compartir luego los hallazgos con los decisores de políticas de salud”, sostuvo Silvia Fernández Barrio, presidente de AEPSO.

Ansiedad (52,9%), angustia (43,2%), cansancio (40,4%) y desgaste (39,6%) fueron los principales sentimientos experimentados por los pacientes en relación con su enfermedad durante la cuarentena. “Todos hemos atravesado emociones de este tipo a lo largo de estos 18 meses, pero la coexistencia de una enfermedad crónica exacerba la situación, acentuando o agrandando otras complicaciones que enfrentamos”, sostuvo Mariana Palacios, presidente de ADAR.

Durante la pandemia, el 55% de los pacientes calificó a su dermatitis atópica como moderada o alta y, comparado con cómo se sentían antes de marzo de 2020, para la mitad, su enfermedad empeoró. Además, para el 62,8% la picazón durante la cuarentena fue (y es) moderada o alta, un 41,3% más que antes.

La picazón no es un aspecto menor. Las personas a las que la piel les pica en forma crónica e intensa tienen el triple de posibilidades de desarrollar depresión y el doble de experimentar ansiedad. Otras investigaciones ya habían demostrado que muchas veces los trastornos de salud mental en personas con enfermedades de la piel se vinculan directamente con el nivel de picazón.

Antes de la cuarentena, el 62,1% estaba en tratamiento para su dermatitis atópica (sobre todo, con cremas emolientes o humectantes y corticoides en crema), pero el 18,1% lo tuvo que discontinuar, en general por motivos económicos y 1 de cada 10 decidió -por su cuenta- suspender la medicación por temor al Covid-19.

“También supimos de casos que estaban recibiendo tratamientos sistémicos, tanto las drogas más antiguas como los anticuerpos monoclonales modernos, y sufrieron interrupciones burocráticas por el cierre de oficinas de las obras sociales y prepagas. Eso se restableció, pero daría la impresión de que hay obstáculos que llegaron para quedarse y nos preocupa el futuro del acceso a los tratamientos para este tipo de enfermedades crónicas”, remarcó Fernández Barrio.

Pero, ¿Cómo puede tratarse la enfermedad? “En primer lugar, un adecuado cuidado de la piel, que incluye indicaciones de baño y uso de humectantes. Además, distintas opciones de tratamientos tópicos para las lesiones de eccema, y para los casos refractarios el uso de inmunomoduladores o los nuevos tratamientos biológicos que brindan un actual panorama esperanzador, que se incrementará dada la intensa investigación en curso”, aseveró la doctora Marta Patricia La Forgia, especialista en Dermatología, Alergia e Inmunología (UBA), y directora del Comité de Inmunodermatología de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC). De todos modos, lo más importante siempre, es recibir una consulta especializada de manera temprana. La atención oportuna y adecuada les permitirá a los pacientes mejorar su calidad de vida.

La pandemia, al igual que en el resto de la gente, impactó en el plano laboral: un 13% de los pacientes perdió su empleo contra un 7,1% que consiguió uno. “Tener una enfermedad crónica y cambiar de empleo puede ser dramático. Primero, por tener que lidiar con estigmas infundados que impidan que te vuelvan a contratar, pero luego porque, tal vez, el nuevo empleo ofrece una cobertura médica que no cubre determinadas prestaciones que necesitás o al equipo médico que te venía tratando. Es comenzar de nuevo, rehacer tu historia clínica, volver a gestionar el tratamiento que te viene dando resultado, con todo el tiempo y esfuerzo que eso lleva, dándole varios metros de ventaja a la enfermedad. De hecho, 7,1% perdió su cobertura de salud en la pandemia”, reconoció Fernández Barrio.

Entre quienes necesitaron ser hospitalizados por su dermatitis en este año y medio, que afortunadamente fueron una minoría (5,6%, aunque el porcentaje ascendió a 15,7% en niños entre 1 y 5 años), 1 de cada 5 encontró dificultades para obtener una cama. “Pongámonos por un instante en el lugar de una familia con un nene con un brote generalizado, esto significa un cuerpo con eccemas, infecciones, dolor, picazón y sin la posibilidad de asistir a un centro médico para ser atendido. Son vivencias traumáticas de las que no te olvidás más”, subrayó Palacios.

De todos los encuestados, el 66,3% tenía controles programados a partir de marzo 2020, pero solo 3 de cada 10 pudieron concretarlos y el 38,5% lo hizo por telemedicina (vía Whatsapp el 72,4% de las veces). “La tecnología mostró que puede ser parte de la solución de un problema complejo que tenemos en Argentina, que es la carencia de especialistas (y de equipamiento) en muchas ciudades del país, que obligan al paciente a hacer largas distancias para recibir atención médica”, agregó Palacios.

Tal como explicó la doctora Paula Luna, médica especialista en Dermatología y Dermatología Infantil del Hospital Alemán, “la consulta presencial es irreemplazable, pero la teleconsulta sería un complemento válido porque en estas enfermedades de la piel puede hacerse un seguimiento con fotos o una videollamada”.

Como la dermatitis atópica comparte el proceso inflamatorio subyacente con otras enfermedades, conocido como “inflamación de tipo 2″, Luna manifestó que no causó sorpresa que 7 de cada 10 participantes presentaran alergia ambiental (47,1%), alergia alimentaria (20,2%), asma (15,7%) y, en menor medida, poliposis, rinoconjuntivitis y esofagitis eosinofílica.

Más obesidad, sedentarismo y estrés

En promedio, los participantes de la encuesta aumentaron 2 kg en la pandemia y un 10% aumentó más de 10 kg. También bajó la realización de actividad física (el 60,6% no hace ejercicio, pero de ese total 1 de cada 4 lo hacía antes de la pandemia, abandonó y aún no retomó).

“A estos datos hay que prestarles atención, porque siendo una enfermedad sistémica e inflamatoria, está en estudio su vinculación con la obesidad y las complicaciones cardiovasculares, comorbilidades que ya fueron ampliamente demostradas en otras enfermedades como la psoriasis”, puntualizó Luna.

6 de cada 10 pacientes consideran que su nivel actual de estrés es elevado o muy elevado, un 34% más que en el mundo prepandemia. Por otro lado, 6 de cada 10 afirman que la calidad de su sueño actual es regular o mala y para el 37,8% empeoró.

“Durante el inicio de la cuarentena muchos tratamientos en salud mental se vieron interrumpidos debido a que los psicólogos no hemos sido declarados personal esencial y por ende debimos detener los tratamientos. Por diferentes motivos muchos pacientes no han podido adaptarse a la telemedicina, lo que ha agravado aún más su situación” sostuvo Laura Resnichenco, Licenciada en Psicología, miembro de ADAR.

Otros resultados de la encuesta

  • 1 de cada 4 pacientes con dermatitis atópica tuvo COVID-19.
  • Los medios de comunicación masivos (61,1%) y los médicos (43,9%) fueron las fuentes de información más consultadas para conocer sobre las vacunas.
  • Casi el 90% está de acuerdo con vacunarse (cuando corrió la encuesta, el 34,2% lo había hecho).

La existencia del 10% restante, que no se vacunaría, representa una señal de alarma: “Sería necesario indagar sobre los motivos, pero la vacunación salva millones de vidas por año y si bien los conocimientos sobre este virus se encuentran en constante evolución, contamos al día de hoy con evidencia suficiente de que las vacunas contra el Covid-19 son efectivas y seguras. Si algún paciente tiene dudas sobre la conveniencia de vacunarse por el tipo de tratamiento que esté recibiendo, puede consultarlo con su médico y muy probablemente le dirá que lo haga. Siempre es importante mantener un diálogo fluido y de confianza con el profesional de la salud que esté tratando tu dermatitis atópica”, concluyó la especialista.


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